Primera jornada. Las montañas de Ilfangor.

Lurtes, Nolik y Calímedes caminaron durante un buen rato en silencio. Multitud de pensamientos y sentimientos se arremolinaban en sus cabezas y les hacían cosquillas en sus estómagos. Las ganas de ver mundo, el miedo a lo desconocido, lo que dejaban atrás, lo que les esperaba, Itchiar, la lucha, la supervivencia… Parecía un sueño del que despertarían en el momento en que Nirius o Murus aparecieran.

Calímedes iba el primero. Conocía bien Temuyu y había estudiado cuidadosamente la ruta a seguir para salir de allí lo antes posible, nadie sabía si el gélido viento era un rastro dejado por Itchiar y podía ser perjudicial.

Los tres estaban llenos de fuerza y vitalidad. Sin embargo, tenían muy presente el viaje que les esperaba. Desconocían lo que les aguardaba y el tiempo que necesitarían, por lo que les convenía tomárselo con calma y no agotarse demasiado en las primeras jornadas.

Apenas había llegado Nirius a su cénit cuando alcanzaron las faldas de Ilfangor, una de las cordilleras de perpetuas nieves que servían de muralla a Temuyu. Calímedes no tuvo problemas para encontrar el sendero que llevaba hasta la cima y luego se perdía al otro lado. Recordaba que ascendiendo unos pocos metros había unas grutas que en ocasiones habían servido de refugio a los pocos exploradores a los que se había permitido salir de debajo de la tierra y propuso acampar allí. Sus compañeros aceptaron de buena gana.

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~ por Talika en 25 febrero, 2010.

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