Tierra de Galintropos

Después de la grieta con el río al fondo a los cuatro exploradores les esperaba un nuevo paisaje. Una llanura de altas hierbas salpicada por unos pocos árboles de copa baja. El clima aún era algo frío, especialmente por la noche, pero aquella tiera estaba llena de vida.

Agazapados tras las hierbas Talika, Lurtes, Nolik y Calímedes observaban unos pequeños herbívoros que no levantaban más de tres palmos del suelo, similares a cabritillas con cuernos de rinoceronte, que pastaban aparentemente tranquilas.

Nolik vio la oportunidad de hacer una comida decente y sacó el arco y una flecha, pero Talika no le dejó disparar.

– Tierra de Galintropos- susurró.

– Gali, ¿qué? ¿eso son esos bichos?¿no se comen? -Preguntó Nolik algo enfadado.

Antes de que Talika abriera la boca Calímedes explicó:

– Galintropos, unos seres difíciles de catalogar, no muy grandes, negros y redondeados con cresta de cocodrilo afilada en la espalada, fuertes patas de reptil, brazos acabados en garras de cuatro dedos, ojos amarillos y una enorme boca con fuertes mandíbulas capaces de matar a un ceriolán de esos que comen ahí delante de un sólo bocado.

-¿Cómo sabías de su existencia?- dijo dirigiéndose a la chica.

– Seguramente igual que tú, por El libro olvidado de recuerdos de Tierras Lejanas. De la misma forma que se que el verdadero peligro no es un galintropo sino la que los controla a todos, Leitene, la que nunca ha sido descrita.

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~ por Talika en 4 marzo, 2010.

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