¿Y ahora?

Amaneció y seguían siendo dos. La pena, la impotencia, el desconcierto, se agarraban a sus estómagos y les hacían un nudo impidiéndoles hablar. Tanto Lurtes como Calímedes tenían sus grises ojos rodeados de un halo rojizo, señal de lo poco que habían dormido y lo mucho que habían llorado.

En silencio recogieron los sacos y lentamente se pusieron en marcha casi arrastrándose. Finalmente Calímedes lanzó al aire la pregunta que tenía en mente:

– ¿Debemos continuar?

– Itchiar aún es una amenaza. Si volvemos habrán dado su vida en vano. -Respondió Lurtes tras pasar un buen rato pensando.

Calímedes comprendió que su compañero tenía razón, pero aún andaba ensimismado en sus pensamientos y no notó que a su derecha el terreno volcánico iba dando paso a tierra fértil. Al principio sólo eran pequeñas hierbas salvajes, pero algunos metros más adelante iban por un camino entre los acantilados y cañas verdes de unos dos metros de altura extrañamente alineadas.

En una zona un poco más amplia que el resto acamparon y comieron sin hambre parte de las provisiones que tenían. No eran muchas, no podrían pasar más días sin buscar algo de alimento.

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~ por Talika en 23 marzo, 2010.

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