La furia negra

Después de un par de horas Lurtes soltó la mochila e indicó a su compañero el lugar en el que debían construir un refugio aprovechando unas rocas sueltas y algunas cañas.
Apenas habían acabado cuando empezaron a notar algo que golpeaba las paredes, primero con golpes débiles y espaciados en el tiempo. Cada rato aumentaban la intensidad.
Eran galíntropos que enrollaban su cuerpo formando con éste una bola con pinchos y rodaban hasta estrellarse con la improvisada estructura.
Calímedes sacó el arco de Talika y disparó un par de flechas por el hueco entre dos cañas, pero desistió de la idea ante la dificultad para apuntar y la inutilidad de las saetas contra la dura piel de aquellos bichos.
Cada vez llegaban más galíntropos.
Lurtes y Calímedes sabían que no tardarían mucho en romper las cañas y ambos se prepararon para el inminente ataque pegándose a la pared más alejada con dos pequeñas dagas uno y la pica en la mano el otro.
Sólo fueron minutos, aunque a los níveos temuyuenses se les hicieron eternos, los que tardaron en estar al descubierto. Entonces una avalancha negra se les echó encima con bocas abiertas, garras afiladas y crestas cortantes como cuchillas.

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~ por Talika en 7 abril, 2011.

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